Viviste en mi cabeza

Eras una idea en mi cabeza

llegabas un rato y mis ojos se adormecían

mis gestos se volvían amables

yo parecía estar contenta

cuando pasaba el tiempo

te ibas de mi

se me olvidaba lo que estaba pensando

no te recordaba

durante todos estos años

te ibas y yo me quedaba tranquila

tal vez esto pasaba porque siempre te amé con la cabeza

y nunca con el corazón

que siempre llora a quienes extraña

Los mejores amores son

los que no piensan

No me has vencido

Tú piensas que las heridas

me han llegado al alma

pero no,

ahora soy más fuerte,

ya no me das miedo.

Aléjate,

lo cierto es que me tienes aburrida,

no besas bien,

no sabes amar

no me haces sentir viva.

No eres nadie,

ni vales oro.

Te has vuelto una carga,

un accesorio sobrevalorado.

Me has golpeado tantas veces,

y me has dejado tantas veces sola,

que ahora sé,

que no te necesito.

Ayer me pasó algo precioso

Ayer me invitaron a regalar poesía en el Fashion Show de Saúl. Fue una escena mágica. Entre un recorrido dentro del bosque, pusieron una máquina de escribir y hojas de papel en blanco.

Lastimosamente, no pude usar la máquina, pero decidí quedarme y escribir los poemas a mano. Tuve mucha ayuda, mis amigos (Roberto, Luisa, Paul y Rita) se dedicaron a llamar la atención de las personas que iban pasando frente a la mesa. Fue así como muchos se acercaron a pedir poemas, entre ellos, un niño de aproximadamente unos cinco años.

El nene iba con sus papas, que al verme escribiendo, le preguntaron: “¿Quieres un poema?”, a lo que él respondió: “no”. Su papá le dijo que por qué no quería un poema, el nene se me acercó y me preguntó extrañado: “¿Qué es la poesía?” 

Después de un rato, se me ocurrió decirle que la poesía era un pedazo de amor escrito. Él se puso muy contento y me pidió un poema acerca de la naturaleza. ¡El niño me retó dos veces en menos de un minuto! Al final, solo pude darle un poema en estilo “las rosas son rojas, las violetas azules, cuida a las mariposas y la vida te premiará”, ya sé, muy mal.

Ayer me pasó algo precioso. Cuando me pedían poesía, noté que escribir implica una conexión con las personas. Una de las cosas que amo de escribir es poder provocar sentimientos, pero, como todos sienten distinto, es verdaderamente un reto lograr hacerlo. Escribir no es solo escupir tus sentimientos, es lograr que alguien más se conecte con ellos. 

Quiero dedicarme a hacer arte constructivo. A conectar con las personas, estar cerca de ellas. Ahora no dejo de pensar en qué es la poesía. 

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Vídeo: @paulvelas (Instagram)

Foto: @roberto24fj (Instagram)

“Summer love”

Quisiéramos que ese amor tan intenso se quedara otro rato a jugar a las cosquillas.

Quisiéramos más besos bajo el sol, seguir buscando un poco de brisa.

Quisiéramos habernos tomado otro trago en aquel bar, recordar nuestros apellidos.

Tal vez hasta hubiéramos querido darnos chance, convertirnos en un siempre.

“Winter love”

Besos pequeños.

Abrazos largos.

Siestas.

Poco coqueteo.

Calma.

Chocolates calientes, charlas largas.

Más calma de la que quisieras poder manejar.

Un amor cansado, algo aburrido. Pero tierno, como te hacía falta.

A veces, quisiera hablar menos y decir más con la mirada. Es una tristeza que después de tantos veranos, nos quedemos con este amor tan frío.

A las cinco cincuenta,

Noté que me aterra quererte.

Me aterra

con el miedo más lindo

que le he tenido a un sentimiento.

Pienso:

Qué será de las mañanas sin ti.

Volvería a sentir esto si te vas.

Quién más me haría sentir que el amor es real,

y no una ilusión del tiempo

que se acaba solo porque sí.

A las cinco cincuenta y cuatro,

mientras trataba de explicarme este miedo,

noté que no me aterra quererte,

si no,

ya no poder hacerlo.

A las y cincuenta y cinco te regalé mi amor,

es todo tuyo,

nadie más lo hace sentir así.

A las cinco cincuenta y seis

deseé que sigan pasando las horas

si es contigo.