No estás sola

¡Hola!

Este año prometí acercarme más a la “blogger” que hay en mi. Decidí que quiero compartirles más sobre lo que hago durante el día y bueno, algunos pensamientos que tengo sobre algunas cosas.

El jueves de la semana pasada, Alejandra Campollo abrió un espacio para que las mujeres que han sufrido algún abuso de parte de un médico lo denunciaran. Recuerdo haberlo visto hasta la noche, después de regresar del cumpleaños de una amiga. Me puse a llorar. Automáticamente tomé la lista de mi seguro para verificar que ninguno de los nombres denunciados estuvieran ahí. Ninguno estaba.

Recordé una charla con un amigo cercano que me decía “que el feminismo ya había ganado su lucha” y preguntaba por qué seguíamos con “la misma cantaleta de siempre” y me respondí en un suspiro: “por esto, es por esto…”

Es difícil saben, probablemente tienen razón cuando dicen que nuestra voz tiene un tinte de rencor. ¿Cómo no va a tenerlo? No se imaginen que porque sus amigas, hermanas o familiares no han sido usurpadas físicamente, no no han sido acosadas. El acoso se vive a diario en Guatemala y es verdaderamente molesto y preocupante.

Son las pequeñas cosas, ¿saben? Como cuando creciste escuchando “no seas niña” como sinónimo de insulto. O cuando te silbaron por primera vez en la calle y no pudiste hacer nada. O aquella vez que fuiste a una date con tu novio y el mesero solo se dirigía a él: “que desea señor” “para mi la carne asada y para la señorita el pollo” porque la señorita no puede hablar. Y luego pediste la cuenta y el mesero se la dio en las manos a él diciendo: “aquí está la cuenta señor” ¡pero si yo se la pedí! Y la excusa de siempre: “es que así fueron criados”, “es que son hombres”, “es que los hombres son como animales vos”. Como animales. Entonces al día siguiente un caballero te abrió la puerta y le dijiste: “gracias, yo puedo” y boom: ESTAS FEMINISTAS SON INSOPORTABLES. CONFUNDEN EL MACHISMO CON CABALLEROSIDAD. CON EL FEMINISMO LAS MUJERES PERDIERON EL DERECHO DE SER TRATADAS COMO DAMAS. QUIEN AGUANTA A ESAS PISADAS, QUE SE COMPREN UN GATO. TODO LO HACEN DESDE EL RENCOR Y EL ODIO. Y tal vez tienen razón, viene un poco del rencor pero, ¿es que, cómo no?

Anteayer vi a una mujer (periodista, decía ella) criticando a las mujeres que peleaban por los derechos de las mujeres. Diciéndoles “arrabaleras, rencorosas” y bueno, ya vieron el post. Y me puse a llorar. Quise decirle: “también es por ti”. Pero no iba a entender. Y entonces dejé el teléfono a un lado y me puse a leer.

Horas más tarde me topé con muchos hombres y mujeres defendiendo a quienes denuncian. Defendiendo a las mujeres que se paran por el resto de mujeres. Rechazando a las personas que vuelven de la víctima una antagonista. “Yo sí les creo”, “yo las apoyo”, “yo las defiendo”. Eran muchos. ¿Adivinen qué? Me puse a llorar.

Amo saber que después de todo, estamos juntas en esto. Que hay organizaciones y personas en Guatemala luchando por los derechos de la mujer.

No estamos solas.

Les recomiendo seguir en Instagram a @chapinasquehablan

¡Les mando amor!

Eugenia

De vez en cuando se encuentran aquellas cosas

que dejamos abandonadas

en aquella casa que construimos

con todo lo que tuvimos algún día.

De vez en cuando tu mirada

cruza palabra con la mía

y se pone denso el aire,

soltando un suspiro.

Desde el fondo, no tan hondo,

viene el recuerdo del resplandor

de tus dorados

y mis castaños.

Las mariposas mueren tristes en el estómago.

Vomito tu nombre,

lloro tu recuerdo.

Cuando tus labios se cruzan con los míos

pensando que sos el remedio

de la enfermedad que causaste

me siento viva.

De vez en cuando

sobre tus piernas

te doy un beso con el alma.

Te muerdo lento,

no quiero dejarte.

Me pides perdón,

te perdono,

sé que no es cierto.

De vez en cuando esta vieja casa se siente nueva,

recién pintada,

luego se hace de madrugada

y la envejeces

con tus peros,

causas perdidas.

Usté

Resulta que cuando llegó usté, yo ya tenía un significante, una contaminación sentimental que me hacía considerar al amor como una bajeza. Pero como mi corazón, por nacimiento, es curioso, decidí intentarlo.

Resulta que usté era lo que yo necesitaba para pulir el concepto. “Amor”, “amar”. Sigo sin saber cómo definirlo, pero encuentro las palabras adecuadas en usté.

La niña de mis ojos

Yo quise ser

la niña de tus ojos

quise saber qué sentías

Te observé por años

tratando de descubrirlo

te vi reír mientras llorabas

y quise salvarte

quise estar contigo

No fue hace mucho

que descubrí lo que escondía tu mirada

era una tristeza enorme

un alma desdichada

Y aun así

deseaba ser la niña de tus ojos

aunque no quisieras

aunque no tuvieras espacio para mi

Con los años absorbí

lo peor de ti

ahora tengo los ojos tristes

y siento dentro

el dolor que me dejaste en la mirada

Ya no quiero

seguir viendo al mundo

a través de tus ojos tristes

ya no quiero ser la niña de tus ojos

NO a la violencia

Hoy decidí hablar para ayudar.

Hace no muchos años me hicieron slut shaming nivel yo ya no quería despertar. Y aprendí a ser sorda ante las personas que no tienen nada bueno que decir. Pero, antes de aprender, viví un martirio. Cuestionaba frecuente mis acciones, dudaba de mi y mis sentimientos.

Solía reírse en mi cara. Juzgaba todo lo que hacía y un día empezó a mentir, ahí las cosas se pusieron peor. “Mis amigos” de aquel entonces cuestionaban la verdad. Me preguntaban si los inventos eran ciertos y hasta me avergonzaban con comentarios como “deberías de darte a respetar” “por qué no te queres”.

A mi me dolía. Pedí que mi agresor (el principal, de él surgieron otros) se detuviera. Se lo pedí a gritos, se lo pedí llorando, se lo pedí con calma. Me dejó en paz hasta que amenacé con demandar (para todos los que dicen que las leyes de violencia contra la mujer no sirven).

Mi agresor sigue yendo a los mismos sitios, frecuentando los mismos bares y objetivizando mujeres. Hablando de ellas como “esa zorrita”, ahogando sus vergüenzas en tragos baratos. Sigue creyendo que las mujeres no valen nada. Tratando mal hasta a su madre. Tiene una novia trofeo. En clase, pasa hablando de las posiciones en las que “se la come”.

Yo en cambio, me alejé. Empecé a frecuentar lugares más tranquilos. Me dediqué a hacer lo que me apasiona. Me convertí en todo lo que amo y aprendí a brillar con luz propia.

A veces mi agresor me llama buscando algún alivio en la amiga que perdió. Al final, sigue siendo un alma rota que no le encuentra sentido a la vida.