Siempre nos tendremos

en este lugar al que llamamos “nuestro”.

Esto que sentimos,

siempre estará ahí,

guardándose,

a la espera.

Y el día en que volvamos

sonreirá con ambos,

se pondrá contento.

Nos saludará pensando

que es tiempo de recordar.

Segundo

Le teme a estar sola,

Te habla, cuando está aburrida.

Sos la llave para que escape.

Te dice que te quiere,

Tú lloras,

Quieres quererla siempre.

Y luego, te dice la verdad,

No te quiere,

No así,

Nunca lo ha hecho.

Sos, una especie de reserva,

Y estás ahí guardado,

En caso de soledad.

Flor que crece

Al nivel del mar encontré a mi asesino,

estaba sentado al borde de un abismo de tristezas irremediables.

Esperó a que me acercara, un ser abigarrado de no tan buenas intenciones,

Algunas, inmencionables.

Ajado, agostado, marchito, pero dulce como el néctar de frutos rojos.

Me conquistó con sus ojos, seguro fueron sus ojos.

Con sus labios logró domar a la musa que dormía en mi interior,

Fue aún mejor,

El circunspecto se robó a mi fatuo corazón.

Toqué su mano, no fue algo solo epitelial,

Mi asesino acababa de convertirse en mi nuevo mal.

Y aún cuando nuestro amor había nacido marcescible, la flor quiso permanecer intacta.

En nuestro amor se hace como se pacta.

Al nivel del mar encontré a mi asesino, fueron sus ojos, era mi destino.

Adieu

El café se acaba en las mañanas

Se queda sin hambre el vacío

La piel se eriza

Se entibia

Se eriza

Se enfría

Se eriza

Y de nuevo

Murmuran: “hasta luego”

Se tocan las almas

Y se van

Sin decir nada

Los amantes

Solo se van