Nueve cincuenta y nueve

Usted (me decidí por el usted)

me mira y yo me pongo nerviosa,

y como por inercia, yo me inclino hacia usted,

con mi índice derecho, toco sus labios,

juego con ellos antes de besarlos.

Usted,

es un hormigueo en mis hombros,

es, la luz de la tarde,

esa que brilla pero, no es molesta para los ojos.

Usted es como lo que una sueña.

Y cuando lo veo,

el café de sus ojos se esconde,

sus pupilas se acercan,

yo lo veo viéndome y sé lo que siente.

Es amor,

una no se equivoca,

el amor es verlo directo a la boca

y saber

que quiero besarlo solo a usted

solo a usted.

Usté

Usted es el gato

Que trepa mi balcón por las noches

Es lo oscuro

Es el deseo

En sus ojos,

se pierden mis pasiones

Ahí se esconden

Usted es el gato

Mi gato

El dueño de mis locuras

El que me eriza a cada coqueteo

Gato de lengua áspera

Y besos que queman

Usted no tiene rumbo

Anda paseando

Dándose

Perdiéndose de lo que le pesa

Y anda buscando

Sabrá usted qué cosa

El gato que siempre regresa

A la misma hora

Buscando lo que no encontró en otros tejados

Lo que dejó perdido acá

Y solo acá encuentra

Cinco cincuenta

Querían que nos acabáramos,

Pero el amor no se nos termina.

Querían que nos volviéramos olvido,

Dejarnos en un suspiro.

Que nos pasara el tiempo encima

Y arrastrara todo el cariño

Pero, nos quedamos donde siempre

Unos días en tu boca

Otros en la mía.

Risueños,

Felices,

Traviesos,

Dándonos mil besos.

Como la primera vez que nos vimos,

O como la vez que lo supimos.

Querían que nos acabáramos,

Pero siempre volvemos a encontrarnos en una sonrisa.

Charla con mi espejo

No estás gorda,

eso de ahí es magia.

No tenes la piel seca,

está asustada.

Tu nariz no es muy pequeña,

es tímida.

Tus pechos no son horribles,

son cómodos.

Tu risa no espanta,

espanta que no te rías.

Y tu mente es preciosa,

verdaderamente preciosa.

No es el ancho de tus caderas, ni el largo de tu pelo, ni el de tus piernas lo que te hacen linda. No estás loca por creer en cosas distintas.

Deja de torturarte,

dejate en paz.

Marchítame, a mi y a mi herida.

Sáname para luego dejarme sin nada.

Mata a todo lo que duele,

Déjame navegar en la incertidumbre,

Dame luz, llévate a mi sombra.

Escurre de mis venas todo aquello que me ha hecho daño para luego dejarme sola.

Sola sin esta tristeza que no se va,

Sola de rencores y pasiones.

Vuélveme el alma buena y piadosa que todos desean tener para luego dejarme sin nada.

Nada,

Nada,

Nada.

No soy nada sin todo esto que me hiere y que me asusta.

¿Ya ves, querido, cómo no puedes salvarme?

Me siento desgarrada,

Vacía.

Pensándolo bien, deja todo como está.

Quiero quedarme con mis letras,

Acurrucarme con ellas,

Hacerlas canciones.

Navegar en un río de emociones,

No parar de remar hacia el lugar que espero pero no puedo encontrar.

La tierra firme me hace mal,

La tierra firme me hace daño.

No me marchites,

Yo crecí flor herida,

Yo amo a destiempo,

Yo sufro, sufro contenta.

Mi compañía es este eterno buscar,

No quiero encontrarte,

No me la quites.

Flor que crece

Al nivel del mar encontré a mi asesino,

estaba sentado al borde de un abismo de tristezas irremediables.

Esperó a que me acercara, un ser abigarrado de no tan buenas intenciones,

Algunas, inmencionables.

Ajado, agostado, marchito, pero dulce como el néctar de frutos rojos.

Me conquistó con sus ojos, seguro fueron sus ojos.

Con sus labios logró domar a la musa que dormía en mi interior,

Fue aún mejor,

El circunspecto se robó a mi fatuo corazón.

Toqué su mano, no fue algo solo epitelial,

Mi asesino acababa de convertirse en mi nuevo mal.

Y aún cuando nuestro amor había nacido marcescible, la flor quiso permanecer intacta.

En nuestro amor se hace como se pacta.

Al nivel del mar encontré a mi asesino, fueron sus ojos, era mi destino.