Marchítame, a mi y a mi herida.

Sáname para luego dejarme sin nada.

Mata a todo lo que duele,

Déjame navegar en la incertidumbre,

Dame luz, llévate a mi sombra.

Escurre de mis venas todo aquello que me ha hecho daño para luego dejarme sola.

Sola sin esta tristeza que no se va,

Sola de rencores y pasiones.

Vuélveme el alma buena y piadosa que todos desean tener para luego dejarme sin nada.

Nada,

Nada,

Nada.

No soy nada sin todo esto que me hiere y que me asusta.

¿Ya ves, querido, cómo no puedes salvarme?

Me siento desgarrada,

Vacía.

Pensándolo bien, deja todo como está.

Quiero quedarme con mis letras,

Acurrucarme con ellas,

Hacerlas canciones.

Navegar en un río de emociones,

No parar de remar hacia el lugar que espero pero no puedo encontrar.

La tierra firme me hace mal,

La tierra firme me hace daño.

No me marchites,

Yo crecí flor herida,

Yo amo a destiempo,

Yo sufro, sufro contenta.

Mi compañía es este eterno buscar,

No quiero encontrarte,

No me la quites.

Siempre nos tendremos

en este lugar al que llamamos “nuestro”.

Esto que sentimos,

siempre estará ahí,

guardándose,

a la espera.

Y el día en que volvamos

sonreirá con ambos,

se pondrá contento.

Nos saludará pensando

que es tiempo de recordar.

Segundo

Le teme a estar sola,

Te habla, cuando está aburrida.

Sos la llave para que escape.

Te dice que te quiere,

Tú lloras,

Quieres quererla siempre.

Y luego, te dice la verdad,

No te quiere,

No así,

Nunca lo ha hecho.

Sos, una especie de reserva,

Y estás ahí guardado,

En caso de soledad.

Flor que crece

Al nivel del mar encontré a mi asesino,

estaba sentado al borde de un abismo de tristezas irremediables.

Esperó a que me acercara, un ser abigarrado de no tan buenas intenciones,

Algunas, inmencionables.

Ajado, agostado, marchito, pero dulce como el néctar de frutos rojos.

Me conquistó con sus ojos, seguro fueron sus ojos.

Con sus labios logró domar a la musa que dormía en mi interior,

Fue aún mejor,

El circunspecto se robó a mi fatuo corazón.

Toqué su mano, no fue algo solo epitelial,

Mi asesino acababa de convertirse en mi nuevo mal.

Y aún cuando nuestro amor había nacido marcescible, la flor quiso permanecer intacta.

En nuestro amor se hace como se pacta.

Al nivel del mar encontré a mi asesino, fueron sus ojos, era mi destino.

Adieu

El café se acaba en las mañanas

Se queda sin hambre el vacío

La piel se eriza

Se entibia

Se eriza

Se enfría

Se eriza

Y de nuevo

Murmuran: “hasta luego”

Se tocan las almas

Y se van

Sin decir nada

Los amantes

Solo se van