Ayer me pasó algo precioso

Ayer me invitaron a regalar poesía en el Fashion Show de Saúl. Fue una escena mágica. Entre un recorrido dentro del bosque, pusieron una máquina de escribir y hojas de papel en blanco.

Lastimosamente, no pude usar la máquina, pero decidí quedarme y escribir los poemas a mano. Tuve mucha ayuda, mis amigos (Roberto, Luisa, Paul y Rita) se dedicaron a llamar la atención de las personas que iban pasando frente a la mesa. Fue así como muchos se acercaron a pedir poemas, entre ellos, un niño de aproximadamente unos cinco años.

El nene iba con sus papas, que al verme escribiendo, le preguntaron: “¿Quieres un poema?”, a lo que él respondió: “no”. Su papá le dijo que por qué no quería un poema, el nene se me acercó y me preguntó extrañado: “¿Qué es la poesía?” 

Después de un rato, se me ocurrió decirle que la poesía era un pedazo de amor escrito. Él se puso muy contento y me pidió un poema acerca de la naturaleza. ¡El niño me retó dos veces en menos de un minuto! Al final, solo pude darle un poema en estilo “las rosas son rojas, las violetas azules, cuida a las mariposas y la vida te premiará”, ya sé, muy mal.

Ayer me pasó algo precioso. Cuando me pedían poesía, noté que escribir implica una conexión con las personas. Una de las cosas que amo de escribir es poder provocar sentimientos, pero, como todos sienten distinto, es verdaderamente un reto lograr hacerlo. Escribir no es solo escupir tus sentimientos, es lograr que alguien más se conecte con ellos. 

Quiero dedicarme a hacer arte constructivo. A conectar con las personas, estar cerca de ellas. Ahora no dejo de pensar en qué es la poesía. 

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Vídeo: @paulvelas (Instagram)

Foto: @roberto24fj (Instagram)

Cuando tenía 18

Cuando tenía dieciocho, me gustaba escribir. Solía hacerlo en servilletas, en lugares de papel, lugares que se fueron destruyendo. Tenía un cuaderno a líneas con espiral, en su portada decía “sólido”.

Cuando tenía dieciocho, me encantaba construir escenas en mi cabeza. Escenas cortas, pero apasionantes. Y escribía de amor y algunas otras impurezas. Pero, decidí dejarme al abandono, y no conectarme más con lo que en aquel entonces amaba y que aún ahora amo. Entonces renuncié.

Por un breve período de tiempo, no escribí. Me repetía que no iba a estudiar letras porque no quería volver de lo que amo un deber. ¿Qué pasaría si no podía vivir de la literatura? ¿Iba a odiarla por siempre y quedarme sin amor? Y la dejé. Cual cobarde que abandona a quien ama por miedo de dejar de amarlo. Cual cobarde que por miedo a no encontrar reciprocidad, se aleja. Cual esclava de la realidad.

Pero lo que escribo nunca me dejó. Fue un fantasma que me narraba por las noches historias de amor, historias de dolor, de muerte, alivio, pasión. Yo traté de decirle que callara, traté de decírselo muchas veces. Pero no se rindió.

Hoy tengo veintidós, y amo como a nadie a esa voz en mi cabeza que me llena de ganas de escribir, de ganas de leer, de ganas de explorar palabras y sus significados. Acepté el reto de amarla para siempre, de no dejar que la ansiedad por el futuro me detenga de escribir. Me muero de ganas por estudiar literatura y espero que, la literatura me sostenga.

No sé qué sigue, no sé cuáles son realmente mis metas, solo sé que quiero seguir viviendo junto al amor de mi vida, que es escribir.