Yo escribo de amor porque

A veces me dicen que escribo mucho de amor. Demasiado. Me dicen: “es trillado”, “qué importa el amor, “cualquiera lee de amor”, “hay cosas más profundas, la humanidad, por ejemplo”. Me dicen: “yo prefiero incomodar”, “a mi me gustan los sentimientos de verdad”, “puro best seller”. Yo a veces me pongo triste. No porque quiera dejar de escribir de amor si no porque, parece que todos dan al amor por sentado.

¿Fácil?, ¿trillado?, ¿aburrido? El amor no es así. El amor no es sencillo. Todos amamos a nuestro ritmo. Todos tenemos un espacio para amar y una manera de hacerlo. La coincidencia es la mayor virtud de los amantes. ¿Cuándo se ama? Cuando se coincide. ¿Cuándo deja de amarse? Cuando se deja de coincidir.

El amor es una batalla contra el tiempo. Es romper las reglas. Todo lo que te dijeron no es real: solo tú vas a entender cómo se siente amar, solo tú vas a amar como estás amando. Si ya amaste, vas a entenderme, es sencillo. Si solo has sido curioso del amor, pensarás que estoy bromeando.

“Trillado”, “aburrido”. Tal vez no han amado personas, si no acciones. Tal vez se aburrieron de las rosas, de dedicar canciones. Quien ama encuentra el amor en las cosas más sencillas. Amo tu cara seria. Amo que te enojes cuando no entienden un tema que te apasiona. Amo que me agarres el dedo indice al dormir porque te da calor abrazarme mientras duermes. Amo que me digas que soy la mujer más bonita del mundo cuando me siento el espécimen más raro que parió la tierra.

Escribir de amor es una escape “porque todos quieren leer de amor, le estás restando a tu literatura”. No. Escribir de amor es una tarea que le puse a mi corazón una noche solitaria, cuando quería —y estaba haciendo el intento— de escribir de orgasmos y libertad y espantos (ya sé…) y esa noche, entre penumbras, me di cuenta que llevaba mucho tiempo queriendo decirte que te amaba. Y entonces me fui a buscarte un poema de amor —porque de amar yo no sabía nada— y busqué una hora y tres y siete y no encontré en ningún verso todo lo que mi boca quisiera decirte. Y te escribí que te amaba y que no encontraba las palabras adecuadas para explicarte como te estaba amando, como era mi amor. El mío. El mío para ti. ¿Y sabes? Sigo buscándolas.

Hablar de amor —dicen— es sencillo, trillado. Tal vez a ustedes no se les quema el alma por tratar de explicar un sentimiento tan noble. Tan pervertido por el hombre. El amor es todo en lo que creo. El amor es mi respiración, mi Dios, mi paz, lo único que me mantiene viva.

El amor es mi balance. Es lo único que evita que me vuelva loca. Es mi suspiro.

Escribir de amor no está prohibido. No tiene menos valor.

Y después de todo, yo quiero seguir buscándole las palabras adecuadas a mi amor. A mi manera de amar.

Pobre todo el amor que perdimos por no haberlo comprendido.

Ahora, el frío

Después de gritarle a la pared le pedí perdón. “Perdón, a mi no me gusta que me griten”. Me duele el pecho, me duelen los oídos y sobre todo, me siento muy triste. “Es que, ando cargando con muchas emociones ajenas y solo necesitaba gritar”.

Con el pasar de los días, vi a la pared cambiar de color. Se iba volviendo como entre roja y corinta. Empezó al centro y luego se esparció por toda la pared. Y le volví a pedir perdón. “Perdón, yo tengo la culpa”. Y no es totalmente cierto porque, todos me dejaron esta carga encima y me duelen los hombros y por eso le grité aquel día. “Perdón, a mi tampoco me gusta que me griten”.

Anoche vi que se iba a caer, ya no aguantaba con la rabia, no podía sostener la casa que yo habito, se rehusaba. Antes de acostarme corrí la cama, la alejé de la pared porque no quería que me cayera encima. Le dije que si ella me hubiera gritado a mi, yo la hubiera perdonado, “yo siempre perdono a los que me gritan, aunque no me guste”.

Hoy en la mañana había frío. Se cayó la pared. No pudo perdonarme.

El resto de tu vida

¿Tienen algún sueño loco? Yo sí.

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(Foto por @capitulo68 en Instagram)

Hace unas semanas me acerqué a Roberto para hacerle una entrevista porque quería saber más de su proyecto: Rob Movil Car.

Roberto estudió Administración de Empresas con Mercadeo (y además, se graduó con honores, pero no le gusta presumir). Hizo una internship en Grupo Diamante. “Me gustó, aprendí muchísimo, pero, no quería tener un trabajo de ocho a cinco, me limitaba las ideas”. El enero siguiente a haber finalizado su licenciatura inició un blog: @roberto24fj. “Busqué trabajo por tres meses y no encontraba nada que me gustara. Salí de la U, pero no encontraba qué hacer, fui a muchas entrevistas pero nada me apasionaba”. Meses después, Roberto vio un vídeo de James Corden: car Pool karaoke, Y pensó: “quiero hacer algo así, ¿por qué no?” Fue así como inició Rob Movil Car, un programa dinámico en el que Roberto entrevista a guatemaltecos de diversas industrias. “El 21 de marzo del año pasado (2018) saqué mi primer video con Pura Guatemalteca. Llevo diez vídeos, esto me causa mucha ilusión: mi proyecto sigue en puerta”.

Las carreras universitarias a veces nos hacen sentir atrapados, pero realmente, no somos solo lo que estudiamos en la Universidad. Nuestros caminos no están tallados en piedra. Lo cierto es que si tienen un sueño loco, deberían de seguirlo.

Cuéntenme su sueño loco.

 

 

A la niña que me regaló un libro usado

Mi aventura

El primer recuerdo que tengo de pequeña es en un parque. Era un parque hermoso, lleno de grama. Al centro, había un columpio de llanta y un resbaladero rojo con estrellas celestes. También había un pasamanos de madera. Recuerdo haber crecido ahí, rodeada de aventura, de bosque y de amigas. Entre todas ellas, había una niña que tenía una manía extraña: regalaba libros usados. “¡Libros usados!” le contaba a mi madre, “libros, ¿por qué no nos regala una Barbie?”. El mismo año, la niña llegó a mi cumpleaños. Llevaba consigo un paquete pequeño color azul cielo. Adentro, había un libro, se trataba del Pulgarcito. Cuando todos se fueron, ignoré su regalo a sabiendas de que era un libro. ¡Un libro! Y no una Barbie. Meses después, no sé si por aburrimiento o por curiosidad, lo tomé en mis manos. Resultó que los libros no eran tan malos.

Después de ese día, mi corazón fue conquistado. Quería saber más de aquellos seres misteriosos de varias páginas. Empecé mi recorrido por el mundo de los libros juzgando las portadas: sí, yo fui una niña que juzgó a cada libro que tuvo en sus manos por su portada —y que quedé claro que, todavía lo hago— en fin, fui a explorar la librera de mi casa en busca de aventura.

Cuando la tenía enfrente, noté por primera vez que en mi casa nadie leía. ¿Por qué? Bueno, pues nuestra librera era bastante pequeña, de unos cuatro estantes. El último estaba lleno de cartapacios con lo que parecía ser la tesis de mi mamá y los documentos que utilizó para hacerla. La tercera de arriba para abajo estaba llena de cajas con sobres que no recuerdo que tenían. La primera y la segunda tenían libros de cocina y un libro con historias de la biblia. Y con tan poca elección y tan solo unos doce años, decidí empezar a pedir que me compraran libros.

Así empezó mi aventura.

¿A qué vine al mundo?

Lo más importante de leer para mi era que la actividad me distinguía del resto de miembros de mi casa. Mi mamá y mi heramano amaban cocinar, mientras que yo no podía ni cocer pasta. Para mi mamá y mi hermano las matemáticas eran muy fáciles y yo sigo preguntándome cómo pude ganar mate uno. Entre ellos había cierta sintonía donde yo nunca iba a poder encajar, y yo me preguntaba constantemente: ¿a qué vine al mundo? Desesperada y un poco triste, debo admitir, comencé a buscar historias que pudiera vivir dentro de los libros.

Fue hasta después, mucho tiempo después, que descubrí que lo que a mi me gustaba era leer y escribir. Que tal vez a eso vine al mundo.

Mi hermano odia leer

Y bueno, durante este camino me topé con muchos buenos comentarios: “¡Qué bien que estás leyendo!”, “leer te nutre el alma”, “quién lee, vive dos veces” y demás. Pero, también me topé con muy malos comentarios. Los peores me los hacía mi hermano, que se jactaba de que odiaba leer, que no necesitaba hacerlo y que a él simplemente no le gustaba eso. Y yo pensaba, ¿por qué no le gusta leer?

Bueno, resulta que mi hermano vivió sin ver hasta los once años —creo, tal vez fueron más—, porque necesitaba anteojos y nadie se daba cuenta. Para él leer para el colegio —y digo, cualquier cosa, hasta el pizarrón— era una tortura. ¡Y qué niño no va a odiar leer si no puede hacerlo! Más adelante, su odio hacia la lectura era solo reflejo de algo que alguna vez odió: no poder ver bien.

Sin embargo, yo quería que él se aventurara al mundo de la lectura y me preguntaba cómo lograr que lo hiciera. Recientemente, creo haberlo logrado. Aquí hay un secreto que no le dicen a nadie cuando llega al mundo: no todos somos iguales, ni a todos nos gusta lo mismo. Está bien si a ti no te gusta leer a los clásicos, está bien si no quieres leer un libro de más de cien páginas. Yo trataba que mi hermano leyera novelas de amor, de guerra y hasta de miedo, pero, a mi hermano le gusta el diseño, la fotografía y la gastronomía.

Y al final, ¿pudo leer un libro? Sí, sí pudo. Leyó primero un libro de fotografía, muy atractivo para la vista, y luego leyó uno de diseño gráfico. Ahora lee artículos de cocina, blogs de fotografía y alguna que otra novela gráfica. También leyó un libro con la biografía de su cantante favorito.

Mi hermano sigue odiando leer novelas de amor.

¿Qué hago?

Mi mamá decía que a la fuerza ni la comida es buena. ¿Cuál es mi recomendación? Que no fuercen su lectura. Lean las cosas que les gustan, lean a su ritmo. No traten de leer rápido, disfruten. Hagan un espacio cómodo de lectura para leer: yo recomiendo el sillón, una lámpara para ver mejor y algún tentempié.

Y si no sé qué leer, ¿qué hago? Vayan a la librería más cercana y busquen un libro que les guste. Lean la contraportada, vean los colores de la portada, analicen si les gusta el nombre del libro, si la cantidad de páginas les parece razonable y luego, compren su libro. Y ojo, ¡paciencia! Se van a confundir. Cuando uno se adentra al mundo de la lectura, es usual escoger mal los libros varias veces.

¿Por qué?

La vida es complicada. Muchas veces nos encontramos en situaciones en las que no quisiéramos estar: estudiando una carrera que no nos gusta, pensando de qué vamos a vivir cuando seamos grandes —si no es que ya lo somos y no tenemos de qué vivir—, cuestionando a dios por no cumplirnos los deseos que expresamos en rezo y en silencio. Pero hay pequeños momentos por los que vale la pena vivirla. Muchos de esos momentos, yo los he encontrado en libros.

Las historias de amor nos salvan el alma. Las de aventura nos dan ganas de vivir. Las historias de miedo nos hacen temerle al mal y agradecerle al bien. Las historias de pasión nos hacen salir al mundo a conquistar nuestros deseos.

Tal vez el resto de nuestra vida va a seguir siendo como ya lo es hoy, viviremos en la misma ciudad, saludando a la misma gente y encontrándonos con nuestros viejos familiares en los mismos cafés. ¿Y quién podrá salvarnos, entonces? Un libro. Si están buscando razones para leer, yo diría que la más fuerte es que, leer es una fuente de inspiración.

Después de todo, ¿qué es un libro? Un mundo en el que se cuenta la historia de algunos personajes fantásticos que decidieron hacer algo diferente con la vida, unos personajes que no tuvieron miedo a enfrentarse al sistema. Seres fantásticos que encontraron el sentido de estar vivos y no se conformaron. Y, ¿qué es la vida? Una historia de algunos personajes maravillosos que deciden afrontarla y vivirla. Unos personajes que buscan cumplir sus sueños, conquistar el amor, conquistar la amistad, llenarse de aventura. La vida es un camino que vale la pena recorrer, cueste lo que cueste, y un libro sería un buen compañero para evitar perder la esperanza en el camino.

¿Cómo hago para publicar?

¡Hola de nuevo! Muchos de ustedes se acercan preguntando cómo hacer para publicar en Guatemala. Y bueno, hoy decidí hacer un blog para darles un poco de orientación sobre cómo publicar.

PRIMER PASO: 

¿Ya tienes un libro? Y lo pregunto en serio. Yo recuerdo que por muchos años tuve la ansiedad de publicar, hasta que un día dije: ¡hoy es el día! Y me senté a averiguar cómo publicar. Me metí a un blog que se llamaba “no se cuántos pasos para publicar tu libro”. El primer paso decía: write a book. Y pensé: hmm. No tengo un libro escrito.

SEGUNDO PASO: 

¡Edita tu libro! Para que una obra esté completa, esta necesita ser editada y revisada. Algunas personas pueden hacer esto por cuenta propia, otras deciden acudir a un editor. Personalmente, recomiendo que si no tienen tiempo o si sienten que van a hacerle muchos cambios a la sustancia de su obra, acudan a un editor. Aquí les va un listado de algunos editores en el mercado guatemalteco:

-Pep Balcárcel (pueden pedirme su contacto).

-Andrea María Álvarez (@intentosdeolvido en Instagram).

-Yo (jeje, pueden hablarme. Soy @nojuzgo en todas partes).

TERCER PASO:

Cuando todo esté listo, ¡pueden publicar! Cierto pero, ¿y dónde publico?

Todos hemos sentido alguna vez momentos de inspiración. A quien le apasiona la escritura, sabe que la inspiración es esencial en la labor de un escritor. Crear a partir de la escritura resulta vital para quienes disfrutan de sumergirse en mundos fantásticos y sentimientos inmarcesibles, pero, lastimosamente la mayoría no tiene acceso a publicar sus creaciones y compartir con otros la pasión de escribir.

Y es que, la pasión por escribir siempre es más linda cuando lo que escribes causa reacciones en un público.

Para que estas reacciones existan, necesitamos publicar. Abajo les dejo un listado de editoriales guatemaltecas y un contacto con ellas. ¡Pueden probar suerte ahí!:

  • Ediciones del pensativo – Ana María Cofiño.
  • Editorial magna terra editores – por Gerardo Guinea.
  • Editorial palo de hormigo – Ricardo Ullyses Cifuentes.
  • Sión editorial – con Manuel Rodas.
  • Editorial patológica – con  Pep Barcárcel, encargado.

Las editoriales pueden ser una buena solución cuando necesitan un editor y financiamiento. Por otro lado, ya conocen el mercado, y pueden posicionar su libro en diversas librerías dentro de Guatemala.

AUTOPUBLICACIÓN 

Si sienten que pueden publicar el libro por su cuenta o tienen ganas de explorar una opción distinta, pueden optar por la autopublicación. Los pasos son casi los mismos, pero tendríamos que agregar:

  • Maquetar el libro. Para esto, necesitan a un diseñador gráfico o alguien que sepa hacerlo. Les recomiendo a Jorge Cordón (@capitulo68 en Instagram), él maqueto mi poemario.

Otro cambio es que ustedes tiene que ir directo a una imprenta con su libro y ellos lo imprimen y que la distribución del libro quedaría en sus manos.

Mi consejo es: si pueden distribuir el libro, ¡autopubliquen! Si sienten que no pueden hacerlo, sería mejor acudir a una editorial.

Para autopublicar también pueden usar plataformas como Amazon. Se van a Kindle Direct Publishing, hacen una cuenta, suben su libro maqueado en PDF y listo. Kindle tiene una opción de paperback, esto significa que ellos imprimen el libro. Con esta opción, su libro estará listo para partir a cualquier parte del mundo. Les dejaré el link con mi poemario, que acaba de entrar a la venta en Amazon, por si lo quieren ver jeje.

http://tiny.cc/Nojuzgo 

CUARTO PASO: 

¡Disfruten! Pueden hacer una presentación del libro para celebrar su nuevo logro, recomiendo la librería Sophos para este tipo de eventos.

Espero que este blog les sirva en su nuevo camino como escritores. Les deseo mucha suerte y espero que todos encuentren la opción que se acople mejor a su estilo y gustos.

No juzguen (a menos que estén juzgando a los candidatos a presidente, ahí si pueden juzgar).

Este blog fue hecho en colaboración con: Lily Dávila, Luis Adolfo Álvarez, Emilio Pacay, Luz Peralta, Claudia Sequeira y José Raúl Barrios. 

Escojan una palabra

Hoy quiero hablarles de un ensayo de Antonio Basanta titulado: “El ADN de la lectura” (un título llamativo, ¿no? me encantan los títulos llamativos). Lo leí esta semana para mi Taller de Enseñanza de la Literatura (quien me viera). Les dejo un fragmento.

“To pay attention, dicen los ingleses. «Prestar atención», decimos nosotros, en un giro idiomático que esclarece la clave del anticipo: la atención no se regala, se concede a condición de encontrar sentido a nuestro esfuerzo; de ser secundada por un ejercicio de descubrimiento.”

Hace un año empecé a estudiar Lengua y Literatura, recuerdo con mucha felicidad mi primera clase. Me senté en el aula socrática y el profesor empezó a hablar: lecturas, cuentos cortos, poesía, recomendaciones de autores, ¡hasta de canciones! Puse atención toda la clase. Quería saber qué tenía que decir el profesor, quería seguir aprendiendo, sumergirme en ese mundo de aventura: La Literatura. Y pensé: es aquí, aquí pertenezco.

¿Cuándo fue la última vez que pusieron atención? ¿Cuándo fue la última vez que estuvieron frente a un maestro o una cátedra, tratando de entender absolutamente todo lo que estaba sucediendo?

Ese mismo año, me dejaron como tarea leer El extranjero, de Albert Camus, recuerdo haber leído el libro dos veces. Una sobria, otra con vino. Pensaba: ¿qué es esto?, ¿qué es esto tan mágico?, ¿qué es esta belleza? Mientras trataba de descifrar al extranjero (tarea que, nunca pude llevar a cabo).

Basanta dice que los libros tienen un ADN, un ADN como el tuyo y como el mío. Nos explica que entender un libro no es fácil, leer no es fácil. Un libro se toma por el principio y se lee con el corazón. Para entender un libro, no necesitamos solo conocer el lenguaje, necesitamos enriquecerlo, adentrarnos en él y descifrar todo lo que está pasando con él. Todo lo que podemos lograr con él.

“inicia una serie de rumores que pronto se hacen palabras, oraciones, conversación, diálogo.”

…y ahí, ahí inicia la lectura.

¿Cuándo fue la última vez que leyeron un libro y lo entendieron? ¿Cuándo fue la última vez que leyeron un libro y lloraron? Yo lo recuerdo muy bien (pero no voy a contarles).

Basanta también nos enseña que no podemos leer solo con nuestros ojos. Para leer, digo, para leer en serio, necesitamos emoción, imaginación e intuición. Necesitamos vivir la historia, adentrarnos en ella. Necesitamos emocionarnos con los personajes, sentir lo que sintieron, vivir mientras ellos viven (en ese libro, en esa historia, en ese pueblo inventado). “La emoción, la imaginación y la intuición. Si la comprensión no se nutre simultáneamente de todos estos caudales, podremos ser leedores, pero nunca lectores.”

¿Son leedores o lectores?

Pero, de todo el ensayo (que me pareció muy lindo) lo que más más más me gustó, fue que el autor se dedicó a adjetivar lo que para él significa la lectura. Les dejaré algunas:

  • Leer es cosechar.
  • Leer es tejer.
  • Leer es surcar.
  • Leer es elegir.
  • Leer es transformar.
  • Leer es asimilar.
  • Leer es compartir.

Cosechar: lo sembrado con anterioridad.

Tejer: desenredar e hilar.

Surcar: navegar.

Elegir: valorar, escoger, seleccionar.

Transformar:

“Leer es siempre un ejercicio activo de creación. Más aún: de recreación. De reanimación. Y esa acción por la que el texto se libera de las ataduras de la pura grafía es realización personalísima. Tanto, que no hay dos lectores iguales (como no hay dos lecturas iguales).”

Asimilar:

“Leer es cerrar los ojos y sentir que las palabras están bien dentro de ti», nos dijo, hace años, un escolar de Salamanca ante nuestra pregunta de qué era para él la lectura. Y otro, a la misma pregunta, respondió: «Leer es desear que un libro no se acabe nunca».”

Compartir: conversar.

Y bueno, para mi: leer es volver a vivir (yo sé que no se vale, porque, es más de una palabra).

Ahora, quiero que escojan una palabra para completar la siguiente frase:

Leer para mi es_____.

¿Qué leen?

Esta semana leí un articulo de Italo Calvino, titulado: “Por qué leer a los clásicos”. Me llamó la atención porque en su introducción nos hace ver que, por más que seamos ávidos lectores, nos quedan muchos clásicos por leer. Hagamos algo, cuando salga de los privados (a finales de noviembre de este año, si mi cerebro quiere) empiezo a leer algunos clásicos que tengo en fila (¿Madame Bovary cuenta como clásico?).

El artículo de Italo Calvino tiene un sesgo: la edad. Pues dentro de él, recomienda releer a los clásicos en una edad más madura. ¡Y bueno! Como yo tengo veintitrés y ni siquiera he podido leer muchos de los clásicos, no puedo comentar sobre esto.

Lo que sí puedo comentar es sobre algunas cosas que ya he encontrado en la literatura.

“El clásico no nos enseña necesariamente algo que no sabíamos; a veces descubrimos en él algo que siempre habíamos sabido (o creído saber) pero no sabíamos que él había sido el primero en decirlo (o se relaciona con él de una manera especial)”. 

Esto me recuerda a mis clases de filosofía cuando tenía diecisiete años (juventud, divino tesoro -no se burlen, me siento vieja de alma-). La primera vez que leí el discurso del método y pensé: yo ya había pensado eso. Me pasó con muchos otros autores, especialmente, con Voltaire. Recuerdo haberme sorprendido mucho mientras pensaba: esto es lo mío, aquí pertenezco (y para una niña que odiaba el colegio, el fútbol y no tenía clase favorita, eso fue verdaderamente gratificante).

Luego me pasó con la poesía. Yo era Neruda cuando me enamoraba; yo era Nicanor Parra cuando pensaba en la muerte; yo era García Lorca (pero no sé decirles por qué, solo me encantaba). Y pensé: ¡esto es lo mío! Y ahí me quedé.

“Y ésta es también una sorpresa que da mucha satisfacción, como la da siempre el descubrimiento de un origen, de una relación, de una pertenencia”. ¡Y seguro que yo creía que pertenecía ahí! A esos versos, a esa manera de pensar.

Otra idea de Italo Calvino que me gustó fue la de equilibrio entre los libros clásicos y la actualidad, porque, ¡vamos!, aunque quisiéramos leer todos los clásicos del mundo, no nos daría tiempo. Menos tiempo nos daría si intercaláramos todos los clásicos con un poco de literatura moderna (más todo lo que tenemos que hacer en nuestro diario vivir). ¡Yo a veces me siento dichosa cuando leo tres novelas en seis meses! (Aunque, desde que estudio Literatura, leo como una al mes).

Me gusta esta idea de equilibrio porque, después de todo, si lo que buscamos en la literatura es un sentido de pertenencia, se vale pertenecer también a lo actual. Creo que leer clásicos nos ayudan a entender el origen, leer literatura contemporánea nos ayuda a sazonar el origen.

Y bueno, para terminar, quiero dejarlos con una frase del artículo:

“No queda más que inventarse cada uno una biblioteca ideal de sus clásicos; y yo diría que esa biblioteca debería comprender por partes iguales los libros que hemos leído y que han contado para nosotros y los libros que nos proponemos y presuponemos que van a contar para nosotros. Dejando una sección vacía para las sorpresas, los descubrimientos ocasionales”. 

Todas las citas son de Italo Calvino. (Por qué leer a los clásicos, Barcelona, Tusquets (Marginales, 122) 1993).

Comenzar

Lo más difícil del mundo es comenzar, ¿o no? Recuerdo cuando quería empezar a hacer yoga, puse alarma a las seis de la mañana, “si no, no voy a ir en todo el día”, pensé. Luego me fui a dormir. No había comenzado a salir el sol cuando mi alarma estaba sonando, tomé el celular y la aplacé tres veces antes de apagarla en definitiva. Sin embargo, no pude volverme a dormir, me quedé pensando que debía ir, que tenía que hacerlo, que no podía dejar pasar la oportunidad de iniciar las clases, que mañana ya sería martes y entonces, esperaría hasta el próximo lunes, que el próximo lunes ya no sería inicio de mes y entonces, esperaría al otro mes. Perdemos mucho tiempo entre lunes y eneros. Media hora más tarde, decidí levantarme, me vestí y fui a mi primera clase de yoga. Quisiera terminar este párrafo motivacional diciendo que, desde aquel entonces, no dejo de levantarme temprano para ir a yoga, pero, no es cierto. Algunas mañanas todavía me cuesta iniciar.

Lo curioso es que, una vez en yoga gozo mucho la clase. Quisiera quedarme más tiempo y descubrir hasta dónde puedo llegar. Lo mismo me pasa con todo lo que hago, lo difícil siempre es comenzar.

Para escribir vivo el mismo ritual, incluso lo vivo para leer. Me pongo cómoda en una mesa, me siento de chinito, me amarro el pelo, me pongo ropa cómoda. Cuando ya voy a comenzar a escribir, noto que no tengo agua cerca (y a mi me da mucha sed), entonces me paro y tomo una botella de agua, la lleno, me vuelvo a sentar de chinito, me amarro el pelo de distinta forma, ¡qué martirio! ¿por qué hago tanta maroma? Fácil, no sé cómo empezar a escribir. Pero una vez empiezo, no hay quien me pare.

Hoy leí la introducción del ensayo de Amos Oz titulado “La historia comienza”.

“Mi padre escribía libros sesudos”, comienza. “Siempre me envi­dió la libertad que yo gozaba, como novelista, de escri­bir como quisiera, directamente de la cabeza a la página, sin las limitaciones de toda esa búsqueda e investigación preliminar, sin la carga de la obligación de conocer to­ dos los datos existentes en la materia, sin el impedimento de cotejar fuentes, proporcionar pruebas, comprobar ci­ tas y poner notas a pie de página: libre como un pájaro.” 

Libre, como un pájaro, nos dice el autor. Y yo recuerdo a Spiderman cuando uncle Ben le dice: “With great power comes great responsability”. Porque es una responsabilidad ser libre, ¿no?

Luego el autor nos dice que él, por su parte, envidiaba a su padre, pues él tenía toda la información del caso antes de comenzar a escribir. Los escritores, por su parte, tienen una hoja en blanco. La temible hoja en blanco. El escritor no le teme a los fantasmas ni a los asesinos, el escritor le teme a la hoja en blanco (y el que escriba y se encuentre libre de aquel miedo, que tire la primera piedra).

“Él nunca tenía que es­ tar, como yo, sentado contemplando una única y burlona hoja en blanco en medio de un escritorio desierto, como un cráter en la superficie de la luna. Sólo yo y el vacío y la desesperación. Ponte a sacar algo de nada en absoluto.” Yo le agregaría a la ultima frase un: “te reto”. 

Lo más difícil del mundo es comenzar. ¿Cómo hacemos para que nuestro lector se enganche con nuestra primera línea? ¿Cómo logramos que el lector se quede hasta el final?

Les dejo la primera frase de El Túnel, de Ernesto Sábato, para que vean que sí se puede:

“Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona”. 

¡Pero cómo que la mató! ¿Qué pasó? ¿Por qué quiso matarla? ¿Qué hizo ella? ¿De quién fue la culpa? Y mil preguntas más que nos harán leer El Túnel de inicio a fin.

El tip de escritura del día es, entonces, que le pongan ganas a su comienzo. Que lo reescriban las veces que sea necesario y que se tomen el tiempo de releerlo muchas veces. Al final del día, lo más difícil del mundo es comenzar.

 

Vargas Llosa, La verdad de las mentiras

Vargas Llosa inicia “La verdad de las mentiras” diciendo: “Desde que escribí mi primer cuento me han preguntado si lo que escribía«era verdad»”, lo que me llevó directo a un recuerdo de cuando tenía dieciséis, y leí por primera vez un libro que me hizo cuestionar la verdad o mentira de su contendio. Era una autobiografía, realmente, no recuerdo de quien, pero el autor la iniciaba prometiendo contar la verdad. Fue hasta entonces que cuestioné la ficción de los libros que relataban, cómo dice Vargas Llosa, historias realistas.

Desde aquel entonces supe que todas las novelas eran ficción, aun cuando relataban historias que podrían ser ciertas. Pensaba: “hasta en las biografías me mienten”. Pero, nunca lo resentí, todo lo contrario, en aquel entonces ya sabía que me gustaba vivir en mundos inventados.

Recorramos algunos pasos de ficción que nos da Vargas Llosa, nos servirán para entender que la novela no le debe verdades a nadie:

Paso uno:

Las novelas mienten… pero mintiendo expresan una curiosa verdad que solo puede expresarse encubierta, disfrazada de lo que no es… en realidad, se trata de algo muy sencillo. Los hombres no están contentos con su suerte y casi todos —ricos o pobres, geniales o mediocres, célebres y oscuros— quisieran una vida distinta de la que viven. Para aplicar ese apetito nacieron las ficciones.

¿Qué tienen en común las personas que escriben con las que no escriben? Que ambas sueñan con vivir en una realidad distinta a la que viven. Las novelas están hechas por personas que quieren escapar de la realidad y vivir otros mundos. Estas novelas son leídas por personas que no están satisfechas con su mundo y quieren saltar hacia otra realidad.

El ejercicio del escritor es, entonces: tomar la realidad que vive, quedarse con los pedazos que le sirven, inventarse una línea del tiempo que le convenga, con personas que le convengan y, por último, escribir su ficción. ¿Y cuál es su ficción? Pues nada más y nada menos que la que escribe.

En mi caso, yo escribo muchas veces porque me gustaría corregir todo lo que hice mal, todo lo que no dije. Me gustaría vivir las realidades que no pude vivir. Conocer los mundos que no pude habitar. ¿Ustedes escriben? ¿Por qué?

Lo cierto es que, el mundo real es bastante aburrido a veces, claro. Es por esto que al escribir una novela tenemos que deshechar ciertas cosas. Podríamos contar, por ejemplo, que un niño salió de su casa a las seis. Cuando llegó a la calle, machucó una cucaracha y sintió asco por el sonido que hizo al deshacerla. Después podríamos decir que el niño pasó todo el día en el colegio, escuchando la clase de su maestra Josefina, que es pésima guardando la atención de los niños. Luego, el niño regresó a su casa. Hizo su tarea. Blah, blah. Luego entró un asesino a su casa y lo mató, fin de la historia. Aburrida, ¿no?

Lo que quiero decir es que, en la realidad, muchos eventos son aburridos y realmente, no aportan nada a nuestras historias. Es por eso que la novela no puede estar hecha de todo lo que se vivió, tenemos que agregarle un extra de ficción, y ese extra de ficción va completamente por escrito.

Paso dos: 

No es la anécdota lo que decide la verdad o la mentira de una ficción. Sino que ella sea escrita, no vivida, que esté hecha de palabras y no de experiencias concretas. Al traducirse en lenguaje, al ser contados, los hechos sufren una profunda modificación.  

A esta primera modificación la que imprimen las palabras a los hechos— se entrevera una segunda, no menos radical: la del tiempo. La vida real fluye y no se detiene, es inconmesurable, un caos en el que cada historia se mezcla con todas las historias y por lo mismo no termina ni empieza jamás. La vida de la ficción es un simulacro en el que aquel vertiginoso desorden se torna orden: organización, causa y efecto, fin y principio.

Cuando escribimos, decodificamos nuestras historias. Para hacerlo, tenemos que escoger qué cosas contaremos y qué cosas no vamos a contar. Una buena diferenciación de la realidad versus la ficción es el elemento escrito, cómo dice Vargas Llosa, pues, realmente, el mundo del libro comienza y termina en lo que el autor deja plasmado por escrito. La vida real, por su parte, sigue andando pase lo que pase.

Para contar una historia necesitamos elegir el tiempo en el que sucederá. Podemos contarla de forma linear o no linear, podemos agregar los personajes adecaudos para el tema que escogimos y podemos trazar el argumento de la misma de una manera clara. Eso hará de nuestra historia una ficción, pues la vida real es un desastre que no se detiene.

Un cuento, una novela y hasta un poema tienen un orden: van a empezar por esto, este será el meollo del asunto y este será el final. Como escritores somos un Dios que planta a nuestros personajes en el mundo que inventamos. Ese mundo dura lo que querramos, dentro de él pasa lo que se nos dé la gana. La vida real no es así.

La ficción crea un mundo para el lector, dentro de ese mundo, todo pasa intencionalmente.

Paso tres:

¿Qué diferencia hay, entonces, entre una ficción y un reportaje periodístico o un libro de historia? ¿No están ellos compuestos de palabras? ¿No encarcelan acaso en el tiempo artificial del relato ese torrente sin riberas, el tiempo real?

Sobre esto solo tengo que decir: esta es la razón por la cual las noticias son aburridas, porque solo relatan lo que pasó en realidad. ¿Qué pasó en realidad? Nuestros políticos juegan al mico en el gobierno, los asesinos no tienen razón para matar, solo matan, la economía esconde con su mano invisible el dinero y a nadie le interesa la cultura.

Las noticias se validan en medida de la realidad de lo que cuentan, las novelas, por su parte, se miden por la manera de relatar su ficción. Mientras más cercanos nos sintamos a lo que el autor se inventó, más éxito tendrá la novela.

Entonces, la novela es libre de contar su realidad. En ella encontramos pedazos rotos que nos hacen falta. Con ella llenamos los vacíos de nuestra existencia. Algunos autores dicen que solo escriben de lo que vivieron, que solo dicen la verdad, hoy yo vengo a decirles algo: no les crean. En este mundo el autor es un mentiroso nato que solo busca encajar en alguna parte, en algún mundo, alguna línea, algún verso.

Sin nada más que decir, díganme ustedes, ¿cuál es su novela favorita?

Hablemos del Quijote

Este semestre tengo que leer Don Quijote de la Mancha para un curso monográfico en la universidad y decidí compartirles mis comentarios respecto al libro.

Aquí les dejo mi primer comentario, que trata los primeros XVII capítulos.

Comentario personal

La aventura de Don Quijote de la Mancha nos sumerge a todos en un mundo lleno de locuras. ¿Qué será de mi cuando los años pasen? ¿Querré volverme poesía por tanto leer poemas? Quién sabe.

Y es que, a mi parecer, Don Quijote no estaba tan loco, ¿no es más loco vivir la vida tal como nos es presentada? El caballero andante conquistó mi corazón con sus hazañas. Después de todo, Quijano era como cualquier otro amante de las letras que, al conocer tantos mundos, pierde las ganas de vivir en el propio. La diferencia entre el Quijote y nosotros es que, él se atrevió a vivir sus sueños.

De principio a fin fui cautivada por la escritura de Cervantes. Me encontré con frases que me eran completamente ajenas, pero también vi algunas muy familiares, como lo fueron, por ejemplo: “ya estaba el mozo picado”, refiriéndose a que el mozo ya estaba prendido en ganas; “no tengas pena” en referencia a no te preocupes; y “en pelota” refiriéndose a desnudo. ¡Cuántas veces he usado y escuchado estas expresiones! Me llenó de sorpresa verlas en un libro tan antiguo.

Cervantes se ganó mi reflexión durante toda su lectura, con palabras como las que respondió Sancho Panza a Don Quijote cuando este trató de que su escudero se sentara en la mesa a comer con el resto de las personas y Sancho le responde que no quiere por su comodidad. Estar en la mesa no le permite “hacer las cosas que la soledad y la libertad traen consigo”. Y no es cierto, acaso, que la soledad nos hace sentir más cómodos.

También me conquistó con sus poesías en el capítulo XIV:

“Yo muero, en fin, y porque nunca esperé

buen suceso en la muerte ni en la vida,

pertinaz estaré en mi fantasía.”

 

Y con el epitafio del mismo pastor:

 

“Yace aquí de un amador

el mísero cuerpo helado,

que fue pastor de ganado,

perdido por desamor.

Murió a manos del rigor

de una esquiva hermosa ingrata,

con quien su imperio dilata

la tiranía de amor”

La que más me sorprendió fue Marcela, ¡que qué culpa tiene de ser bella! Todos deberían de leer su discurso. ¿Estará a caso loco Don Quijote si fue el único en estar de acuerdo con ella?

Después de haberlo probado, ahora quiero comerme el libro completo. Por lo que veo, Cervantes no dejará de sorprenderme.