Hablemos del Quijote

Este semestre tengo que leer Don Quijote de la Mancha para un curso monográfico en la universidad y decidí compartirles mis comentarios respecto al libro.

Aquí les dejo mi primer comentario, que trata los primeros XVII capítulos.

Comentario personal

La aventura de Don Quijote de la Mancha nos sumerge a todos en un mundo lleno de locuras. ¿Qué será de mi cuando los años pasen? ¿Querré volverme poesía por tanto leer poemas? Quién sabe.

Y es que, a mi parecer, Don Quijote no estaba tan loco, ¿no es más loco vivir la vida tal como nos es presentada? El caballero andante conquistó mi corazón con sus hazañas. Después de todo, Quijano era como cualquier otro amante de las letras que, al conocer tantos mundos, pierde las ganas de vivir en el propio. La diferencia entre el Quijote y nosotros es que, él se atrevió a vivir sus sueños.

De principio a fin fui cautivada por la escritura de Cervantes. Me encontré con frases que me eran completamente ajenas, pero también vi algunas muy familiares, como lo fueron, por ejemplo: “ya estaba el mozo picado”, refiriéndose a que el mozo ya estaba prendido en ganas; “no tengas pena” en referencia a no te preocupes; y “en pelota” refiriéndose a desnudo. ¡Cuántas veces he usado y escuchado estas expresiones! Me llenó de sorpresa verlas en un libro tan antiguo.

Cervantes se ganó mi reflexión durante toda su lectura, con palabras como las que respondió Sancho Panza a Don Quijote cuando este trató de que su escudero se sentara en la mesa a comer con el resto de las personas y Sancho le responde que no quiere por su comodidad. Estar en la mesa no le permite “hacer las cosas que la soledad y la libertad traen consigo”. Y no es cierto, acaso, que la soledad nos hace sentir más cómodos.

También me conquistó con sus poesías en el capítulo XIV:

“Yo muero, en fin, y porque nunca esperé

buen suceso en la muerte ni en la vida,

pertinaz estaré en mi fantasía.”

 

Y con el epitafio del mismo pastor:

 

“Yace aquí de un amador

el mísero cuerpo helado,

que fue pastor de ganado,

perdido por desamor.

Murió a manos del rigor

de una esquiva hermosa ingrata,

con quien su imperio dilata

la tiranía de amor”

La que más me sorprendió fue Marcela, ¡que qué culpa tiene de ser bella! Todos deberían de leer su discurso. ¿Estará a caso loco Don Quijote si fue el único en estar de acuerdo con ella?

Después de haberlo probado, ahora quiero comerme el libro completo. Por lo que veo, Cervantes no dejará de sorprenderme.

No estás sola

¡Hola!

Este año prometí acercarme más a la “blogger” que hay en mi. Decidí que quiero compartirles más sobre lo que hago durante el día y bueno, algunos pensamientos que tengo sobre algunas cosas.

El jueves de la semana pasada, Alejandra Campollo abrió un espacio para que las mujeres que han sufrido algún abuso de parte de un médico lo denunciaran. Recuerdo haberlo visto hasta la noche, después de regresar del cumpleaños de una amiga. Me puse a llorar. Automáticamente tomé la lista de mi seguro para verificar que ninguno de los nombres denunciados estuvieran ahí. Ninguno estaba.

Recordé una charla con un amigo cercano que me decía “que el feminismo ya había ganado su lucha” y preguntaba por qué seguíamos con “la misma cantaleta de siempre” y me respondí en un suspiro: “por esto, es por esto…”

Es difícil saben, probablemente tienen razón cuando dicen que nuestra voz tiene un tinte de rencor. ¿Cómo no va a tenerlo? No se imaginen que porque sus amigas, hermanas o familiares no han sido usurpadas físicamente, no no han sido acosadas. El acoso se vive a diario en Guatemala y es verdaderamente molesto y preocupante.

Son las pequeñas cosas, ¿saben? Como cuando creciste escuchando “no seas niña” como sinónimo de insulto. O cuando te silbaron por primera vez en la calle y no pudiste hacer nada. O aquella vez que fuiste a una date con tu novio y el mesero solo se dirigía a él: “que desea señor” “para mi la carne asada y para la señorita el pollo” porque la señorita no puede hablar. Y luego pediste la cuenta y el mesero se la dio en las manos a él diciendo: “aquí está la cuenta señor” ¡pero si yo se la pedí! Y la excusa de siempre: “es que así fueron criados”, “es que son hombres”, “es que los hombres son como animales vos”. Como animales. Entonces al día siguiente un caballero te abrió la puerta y le dijiste: “gracias, yo puedo” y boom: ESTAS FEMINISTAS SON INSOPORTABLES. CONFUNDEN EL MACHISMO CON CABALLEROSIDAD. CON EL FEMINISMO LAS MUJERES PERDIERON EL DERECHO DE SER TRATADAS COMO DAMAS. QUIEN AGUANTA A ESAS PISADAS, QUE SE COMPREN UN GATO. TODO LO HACEN DESDE EL RENCOR Y EL ODIO. Y tal vez tienen razón, viene un poco del rencor pero, ¿es que, cómo no?

Anteayer vi a una mujer (periodista, decía ella) criticando a las mujeres que peleaban por los derechos de las mujeres. Diciéndoles “arrabaleras, rencorosas” y bueno, ya vieron el post. Y me puse a llorar. Quise decirle: “también es por ti”. Pero no iba a entender. Y entonces dejé el teléfono a un lado y me puse a leer.

Horas más tarde me topé con muchos hombres y mujeres defendiendo a quienes denuncian. Defendiendo a las mujeres que se paran por el resto de mujeres. Rechazando a las personas que vuelven de la víctima una antagonista. “Yo sí les creo”, “yo las apoyo”, “yo las defiendo”. Eran muchos. ¿Adivinen qué? Me puse a llorar.

Amo saber que después de todo, estamos juntas en esto. Que hay organizaciones y personas en Guatemala luchando por los derechos de la mujer.

No estamos solas.

Les recomiendo seguir en Instagram a @chapinasquehablan

¡Les mando amor!

Eugenia

De vez en cuando se encuentran aquellas cosas

que dejamos abandonadas

en aquella casa que construimos

con todo lo que tuvimos algún día.

De vez en cuando tu mirada

cruza palabra con la mía

y se pone denso el aire,

soltando un suspiro.

Desde el fondo, no tan hondo,

viene el recuerdo del resplandor

de tus dorados

y mis castaños.

Las mariposas mueren tristes en el estómago.

Vomito tu nombre,

lloro tu recuerdo.

Cuando tus labios se cruzan con los míos

pensando que sos el remedio

de la enfermedad que causaste

me siento viva.

De vez en cuando

sobre tus piernas

te doy un beso con el alma.

Te muerdo lento,

no quiero dejarte.

Me pides perdón,

te perdono,

sé que no es cierto.

De vez en cuando esta vieja casa se siente nueva,

recién pintada,

luego se hace de madrugada

y la envejeces

con tus peros,

causas perdidas.

Usté

Resulta que cuando llegó usté, yo ya tenía un significante, una contaminación sentimental que me hacía considerar al amor como una bajeza. Pero como mi corazón, por nacimiento, es curioso, decidí intentarlo.

Resulta que usté era lo que yo necesitaba para pulir el concepto. “Amor”, “amar”. Sigo sin saber cómo definirlo, pero encuentro las palabras adecuadas en usté.

La niña de mis ojos

Yo quise ser

la niña de tus ojos

quise saber qué sentías

Te observé por años

tratando de descubrirlo

te vi reír mientras llorabas

y quise salvarte

quise estar contigo

No fue hace mucho

que descubrí lo que escondía tu mirada

era una tristeza enorme

un alma desdichada

Y aun así

deseaba ser la niña de tus ojos

aunque no quisieras

aunque no tuvieras espacio para mi

Con los años absorbí

lo peor de ti

ahora tengo los ojos tristes

y siento dentro

el dolor que me dejaste en la mirada

Ya no quiero

seguir viendo al mundo

a través de tus ojos tristes

ya no quiero ser la niña de tus ojos