Ahora, el frío

Después de gritarle a la pared le pedí perdón. “Perdón, a mi no me gusta que me griten”. Me duele el pecho, me duelen los oídos y sobre todo, me siento muy triste. “Es que, ando cargando con muchas emociones ajenas y solo necesitaba gritar”.

Con el pasar de los días, vi a la pared cambiar de color. Se iba volviendo como entre roja y corinta. Empezó al centro y luego se esparció por toda la pared. Y le volví a pedir perdón. “Perdón, yo tengo la culpa”. Y no es totalmente cierto porque, todos me dejaron esta carga encima y me duelen los hombros y por eso le grité aquel día. “Perdón, a mi tampoco me gusta que me griten”.

Anoche vi que se iba a caer, ya no aguantaba con la rabia, no podía sostener la casa que yo habito, se rehusaba. Antes de acostarme corrí la cama, la alejé de la pared porque no quería que me cayera encima. Le dije que si ella me hubiera gritado a mi, yo la hubiera perdonado, “yo siempre perdono a los que me gritan, aunque no me guste”.

Hoy en la mañana había frío. Se cayó la pared. No pudo perdonarme.

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