A la niña que me regaló un libro usado

Mi aventura

El primer recuerdo que tengo de pequeña es en un parque. Era un parque hermoso, lleno de grama. Al centro, había un columpio de llanta y un resbaladero rojo con estrellas celestes. También había un pasamanos de madera. Recuerdo haber crecido ahí, rodeada de aventura, de bosque y de amigas. Entre todas ellas, había una niña que tenía una manía extraña: regalaba libros usados. “¡Libros usados!” le contaba a mi madre, “libros, ¿por qué no nos regala una Barbie?”. El mismo año, la niña llegó a mi cumpleaños. Llevaba consigo un paquete pequeño color azul cielo. Adentro, había un libro, se trataba del Pulgarcito. Cuando todos se fueron, ignoré su regalo a sabiendas de que era un libro. ¡Un libro! Y no una Barbie. Meses después, no sé si por aburrimiento o por curiosidad, lo tomé en mis manos. Resultó que los libros no eran tan malos.

Después de ese día, mi corazón fue conquistado. Quería saber más de aquellos seres misteriosos de varias páginas. Empecé mi recorrido por el mundo de los libros juzgando las portadas: sí, yo fui una niña que juzgó a cada libro que tuvo en sus manos por su portada —y que quedé claro que, todavía lo hago— en fin, fui a explorar la librera de mi casa en busca de aventura.

Cuando la tenía enfrente, noté por primera vez que en mi casa nadie leía. ¿Por qué? Bueno, pues nuestra librera era bastante pequeña, de unos cuatro estantes. El último estaba lleno de cartapacios con lo que parecía ser la tesis de mi mamá y los documentos que utilizó para hacerla. La tercera de arriba para abajo estaba llena de cajas con sobres que no recuerdo que tenían. La primera y la segunda tenían libros de cocina y un libro con historias de la biblia. Y con tan poca elección y tan solo unos doce años, decidí empezar a pedir que me compraran libros.

Así empezó mi aventura.

¿A qué vine al mundo?

Lo más importante de leer para mi era que la actividad me distinguía del resto de miembros de mi casa. Mi mamá y mi heramano amaban cocinar, mientras que yo no podía ni cocer pasta. Para mi mamá y mi hermano las matemáticas eran muy fáciles y yo sigo preguntándome cómo pude ganar mate uno. Entre ellos había cierta sintonía donde yo nunca iba a poder encajar, y yo me preguntaba constantemente: ¿a qué vine al mundo? Desesperada y un poco triste, debo admitir, comencé a buscar historias que pudiera vivir dentro de los libros.

Fue hasta después, mucho tiempo después, que descubrí que lo que a mi me gustaba era leer y escribir. Que tal vez a eso vine al mundo.

Mi hermano odia leer

Y bueno, durante este camino me topé con muchos buenos comentarios: “¡Qué bien que estás leyendo!”, “leer te nutre el alma”, “quién lee, vive dos veces” y demás. Pero, también me topé con muy malos comentarios. Los peores me los hacía mi hermano, que se jactaba de que odiaba leer, que no necesitaba hacerlo y que a él simplemente no le gustaba eso. Y yo pensaba, ¿por qué no le gusta leer?

Bueno, resulta que mi hermano vivió sin ver hasta los once años —creo, tal vez fueron más—, porque necesitaba anteojos y nadie se daba cuenta. Para él leer para el colegio —y digo, cualquier cosa, hasta el pizarrón— era una tortura. ¡Y qué niño no va a odiar leer si no puede hacerlo! Más adelante, su odio hacia la lectura era solo reflejo de algo que alguna vez odió: no poder ver bien.

Sin embargo, yo quería que él se aventurara al mundo de la lectura y me preguntaba cómo lograr que lo hiciera. Recientemente, creo haberlo logrado. Aquí hay un secreto que no le dicen a nadie cuando llega al mundo: no todos somos iguales, ni a todos nos gusta lo mismo. Está bien si a ti no te gusta leer a los clásicos, está bien si no quieres leer un libro de más de cien páginas. Yo trataba que mi hermano leyera novelas de amor, de guerra y hasta de miedo, pero, a mi hermano le gusta el diseño, la fotografía y la gastronomía.

Y al final, ¿pudo leer un libro? Sí, sí pudo. Leyó primero un libro de fotografía, muy atractivo para la vista, y luego leyó uno de diseño gráfico. Ahora lee artículos de cocina, blogs de fotografía y alguna que otra novela gráfica. También leyó un libro con la biografía de su cantante favorito.

Mi hermano sigue odiando leer novelas de amor.

¿Qué hago?

Mi mamá decía que a la fuerza ni la comida es buena. ¿Cuál es mi recomendación? Que no fuercen su lectura. Lean las cosas que les gustan, lean a su ritmo. No traten de leer rápido, disfruten. Hagan un espacio cómodo de lectura para leer: yo recomiendo el sillón, una lámpara para ver mejor y algún tentempié.

Y si no sé qué leer, ¿qué hago? Vayan a la librería más cercana y busquen un libro que les guste. Lean la contraportada, vean los colores de la portada, analicen si les gusta el nombre del libro, si la cantidad de páginas les parece razonable y luego, compren su libro. Y ojo, ¡paciencia! Se van a confundir. Cuando uno se adentra al mundo de la lectura, es usual escoger mal los libros varias veces.

¿Por qué?

La vida es complicada. Muchas veces nos encontramos en situaciones en las que no quisiéramos estar: estudiando una carrera que no nos gusta, pensando de qué vamos a vivir cuando seamos grandes —si no es que ya lo somos y no tenemos de qué vivir—, cuestionando a dios por no cumplirnos los deseos que expresamos en rezo y en silencio. Pero hay pequeños momentos por los que vale la pena vivirla. Muchos de esos momentos, yo los he encontrado en libros.

Las historias de amor nos salvan el alma. Las de aventura nos dan ganas de vivir. Las historias de miedo nos hacen temerle al mal y agradecerle al bien. Las historias de pasión nos hacen salir al mundo a conquistar nuestros deseos.

Tal vez el resto de nuestra vida va a seguir siendo como ya lo es hoy, viviremos en la misma ciudad, saludando a la misma gente y encontrándonos con nuestros viejos familiares en los mismos cafés. ¿Y quién podrá salvarnos, entonces? Un libro. Si están buscando razones para leer, yo diría que la más fuerte es que, leer es una fuente de inspiración.

Después de todo, ¿qué es un libro? Un mundo en el que se cuenta la historia de algunos personajes fantásticos que decidieron hacer algo diferente con la vida, unos personajes que no tuvieron miedo a enfrentarse al sistema. Seres fantásticos que encontraron el sentido de estar vivos y no se conformaron. Y, ¿qué es la vida? Una historia de algunos personajes maravillosos que deciden afrontarla y vivirla. Unos personajes que buscan cumplir sus sueños, conquistar el amor, conquistar la amistad, llenarse de aventura. La vida es un camino que vale la pena recorrer, cueste lo que cueste, y un libro sería un buen compañero para evitar perder la esperanza en el camino.

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