Vargas Llosa, La verdad de las mentiras

Vargas Llosa inicia “La verdad de las mentiras” diciendo: “Desde que escribí mi primer cuento me han preguntado si lo que escribía«era verdad»”, lo que me llevó directo a un recuerdo de cuando tenía dieciséis, y leí por primera vez un libro que me hizo cuestionar la verdad o mentira de su contendio. Era una autobiografía, realmente, no recuerdo de quien, pero el autor la iniciaba prometiendo contar la verdad. Fue hasta entonces que cuestioné la ficción de los libros que relataban, cómo dice Vargas Llosa, historias realistas.

Desde aquel entonces supe que todas las novelas eran ficción, aun cuando relataban historias que podrían ser ciertas. Pensaba: “hasta en las biografías me mienten”. Pero, nunca lo resentí, todo lo contrario, en aquel entonces ya sabía que me gustaba vivir en mundos inventados.

Recorramos algunos pasos de ficción que nos da Vargas Llosa, nos servirán para entender que la novela no le debe verdades a nadie:

Paso uno:

Las novelas mienten… pero mintiendo expresan una curiosa verdad que solo puede expresarse encubierta, disfrazada de lo que no es… en realidad, se trata de algo muy sencillo. Los hombres no están contentos con su suerte y casi todos —ricos o pobres, geniales o mediocres, célebres y oscuros— quisieran una vida distinta de la que viven. Para aplicar ese apetito nacieron las ficciones.

¿Qué tienen en común las personas que escriben con las que no escriben? Que ambas sueñan con vivir en una realidad distinta a la que viven. Las novelas están hechas por personas que quieren escapar de la realidad y vivir otros mundos. Estas novelas son leídas por personas que no están satisfechas con su mundo y quieren saltar hacia otra realidad.

El ejercicio del escritor es, entonces: tomar la realidad que vive, quedarse con los pedazos que le sirven, inventarse una línea del tiempo que le convenga, con personas que le convengan y, por último, escribir su ficción. ¿Y cuál es su ficción? Pues nada más y nada menos que la que escribe.

En mi caso, yo escribo muchas veces porque me gustaría corregir todo lo que hice mal, todo lo que no dije. Me gustaría vivir las realidades que no pude vivir. Conocer los mundos que no pude habitar. ¿Ustedes escriben? ¿Por qué?

Lo cierto es que, el mundo real es bastante aburrido a veces, claro. Es por esto que al escribir una novela tenemos que deshechar ciertas cosas. Podríamos contar, por ejemplo, que un niño salió de su casa a las seis. Cuando llegó a la calle, machucó una cucaracha y sintió asco por el sonido que hizo al deshacerla. Después podríamos decir que el niño pasó todo el día en el colegio, escuchando la clase de su maestra Josefina, que es pésima guardando la atención de los niños. Luego, el niño regresó a su casa. Hizo su tarea. Blah, blah. Luego entró un asesino a su casa y lo mató, fin de la historia. Aburrida, ¿no?

Lo que quiero decir es que, en la realidad, muchos eventos son aburridos y realmente, no aportan nada a nuestras historias. Es por eso que la novela no puede estar hecha de todo lo que se vivió, tenemos que agregarle un extra de ficción, y ese extra de ficción va completamente por escrito.

Paso dos: 

No es la anécdota lo que decide la verdad o la mentira de una ficción. Sino que ella sea escrita, no vivida, que esté hecha de palabras y no de experiencias concretas. Al traducirse en lenguaje, al ser contados, los hechos sufren una profunda modificación.  

A esta primera modificación la que imprimen las palabras a los hechos— se entrevera una segunda, no menos radical: la del tiempo. La vida real fluye y no se detiene, es inconmesurable, un caos en el que cada historia se mezcla con todas las historias y por lo mismo no termina ni empieza jamás. La vida de la ficción es un simulacro en el que aquel vertiginoso desorden se torna orden: organización, causa y efecto, fin y principio.

Cuando escribimos, decodificamos nuestras historias. Para hacerlo, tenemos que escoger qué cosas contaremos y qué cosas no vamos a contar. Una buena diferenciación de la realidad versus la ficción es el elemento escrito, cómo dice Vargas Llosa, pues, realmente, el mundo del libro comienza y termina en lo que el autor deja plasmado por escrito. La vida real, por su parte, sigue andando pase lo que pase.

Para contar una historia necesitamos elegir el tiempo en el que sucederá. Podemos contarla de forma linear o no linear, podemos agregar los personajes adecaudos para el tema que escogimos y podemos trazar el argumento de la misma de una manera clara. Eso hará de nuestra historia una ficción, pues la vida real es un desastre que no se detiene.

Un cuento, una novela y hasta un poema tienen un orden: van a empezar por esto, este será el meollo del asunto y este será el final. Como escritores somos un Dios que planta a nuestros personajes en el mundo que inventamos. Ese mundo dura lo que querramos, dentro de él pasa lo que se nos dé la gana. La vida real no es así.

La ficción crea un mundo para el lector, dentro de ese mundo, todo pasa intencionalmente.

Paso tres:

¿Qué diferencia hay, entonces, entre una ficción y un reportaje periodístico o un libro de historia? ¿No están ellos compuestos de palabras? ¿No encarcelan acaso en el tiempo artificial del relato ese torrente sin riberas, el tiempo real?

Sobre esto solo tengo que decir: esta es la razón por la cual las noticias son aburridas, porque solo relatan lo que pasó en realidad. ¿Qué pasó en realidad? Nuestros políticos juegan al mico en el gobierno, los asesinos no tienen razón para matar, solo matan, la economía esconde con su mano invisible el dinero y a nadie le interesa la cultura.

Las noticias se validan en medida de la realidad de lo que cuentan, las novelas, por su parte, se miden por la manera de relatar su ficción. Mientras más cercanos nos sintamos a lo que el autor se inventó, más éxito tendrá la novela.

Entonces, la novela es libre de contar su realidad. En ella encontramos pedazos rotos que nos hacen falta. Con ella llenamos los vacíos de nuestra existencia. Algunos autores dicen que solo escriben de lo que vivieron, que solo dicen la verdad, hoy yo vengo a decirles algo: no les crean. En este mundo el autor es un mentiroso nato que solo busca encajar en alguna parte, en algún mundo, alguna línea, algún verso.

Sin nada más que decir, díganme ustedes, ¿cuál es su novela favorita?

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