NO a la violencia

Hoy decidí hablar para ayudar.

Hace no muchos años me hicieron slut shaming nivel yo ya no quería despertar. Y aprendí a ser sorda ante las personas que no tienen nada bueno que decir. Pero, antes de aprender, viví un martirio. Cuestionaba frecuente mis acciones, dudaba de mi y mis sentimientos.

Solía reírse en mi cara. Juzgaba todo lo que hacía y un día empezó a mentir, ahí las cosas se pusieron peor. “Mis amigos” de aquel entonces cuestionaban la verdad. Me preguntaban si los inventos eran ciertos y hasta me avergonzaban con comentarios como “deberías de darte a respetar” “por qué no te queres”.

A mi me dolía. Pedí que mi agresor (el principal, de él surgieron otros) se detuviera. Se lo pedí a gritos, se lo pedí llorando, se lo pedí con calma. Me dejó en paz hasta que amenacé con demandar (para todos los que dicen que las leyes de violencia contra la mujer no sirven).

Mi agresor sigue yendo a los mismos sitios, frecuentando los mismos bares y objetivizando mujeres. Hablando de ellas como “esa zorrita”, ahogando sus vergüenzas en tragos baratos. Sigue creyendo que las mujeres no valen nada. Tratando mal hasta a su madre. Tiene una novia trofeo. En clase, pasa hablando de las posiciones en las que “se la come”.

Yo en cambio, me alejé. Empecé a frecuentar lugares más tranquilos. Me dediqué a hacer lo que me apasiona. Me convertí en todo lo que amo y aprendí a brillar con luz propia.

A veces mi agresor me llama buscando algún alivio en la amiga que perdió. Al final, sigue siendo un alma rota que no le encuentra sentido a la vida.

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