Mamá

Hace algunos años

me vi en tus ojos

y de su brillo nació mi fuerza.

Entonces,

aprendí a caminar,

me mezclé con el mundo,

empecé a creer en mi.

Tus ojos me dieron

el valor que tanto buscaba

para vivir.

Y cuando pensé

que mi vida no era solo risas,

que el mundo se venía abajo,

me abalancé a tus brazos.

Te vi a los ojos

buscando motivos

y noté que estaba ahí:

el brillo de mi fuerza seguía ahí.

Tú lo tenías bien guardado.

Me dijiste

que no le temiera a nada

y yo seguí a tu voz.

Yo seguí a tu manera de calmar las cosas.

Ahora soy

soy un montón de cosas:

un niño que sueña,

un soñador que vive.

Un hombre moldeado

por tus sentimientos dulces

y tus palabras fuertes.

Y entre todo lo que me he convertido,

mi mejor logro siempre ha sido

ser el niño de tus ojos.

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