Cuando tenía 18

Cuando tenía dieciocho, me gustaba escribir. Solía hacerlo en servilletas, en lugares de papel, lugares que se fueron destruyendo. Tenía un cuaderno a líneas con espiral, en su portada decía “sólido”.

Cuando tenía dieciocho, me encantaba construir escenas en mi cabeza. Escenas cortas, pero apasionantes. Y escribía de amor y algunas otras impurezas. Pero, decidí dejarme al abandono, y no conectarme más con lo que en aquel entonces amaba y que aún ahora amo. Entonces renuncié.

Por un breve período de tiempo, no escribí. Me repetía que no iba a estudiar letras porque no quería volver de lo que amo un deber. ¿Qué pasaría si no podía vivir de la literatura? ¿Iba a odiarla por siempre y quedarme sin amor? Y la dejé. Cual cobarde que abandona a quien ama por miedo de dejar de amarlo. Cual cobarde que por miedo a no encontrar reciprocidad, se aleja. Cual esclava de la realidad.

Pero lo que escribo nunca me dejó. Fue un fantasma que me narraba por las noches historias de amor, historias de dolor, de muerte, alivio, pasión. Yo traté de decirle que callara, traté de decírselo muchas veces. Pero no se rindió.

Hoy tengo veintidós, y amo como a nadie a esa voz en mi cabeza que me llena de ganas de escribir, de ganas de leer, de ganas de explorar palabras y sus significados. Acepté el reto de amarla para siempre, de no dejar que la ansiedad por el futuro me detenga de escribir. Me muero de ganas por estudiar literatura y espero que, la literatura me sostenga.

No sé qué sigue, no sé cuáles son realmente mis metas, solo sé que quiero seguir viviendo junto al amor de mi vida, que es escribir.

Nueve cincuenta y nueve

Usted (me decidí por el usted)

me mira y yo me pongo nerviosa,

y como por inercia, yo me inclino hacia usted,

con mi índice derecho, toco sus labios,

juego con ellos antes de besarlos.

Usted,

es un hormigueo en mis hombros,

es, la luz de la tarde,

esa que brilla pero, no es molesta para los ojos.

Usted es como lo que una sueña.

Y cuando lo veo,

el café de sus ojos se esconde,

sus pupilas se acercan,

yo lo veo viéndome y sé lo que siente.

Es amor,

una no se equivoca,

el amor es verlo directo a la boca

y saber

que quiero besarlo solo a usted

solo a usted.

Usté

Usted es el gato

Que trepa mi balcón por las noches

Es lo oscuro

Es el deseo

En sus ojos,

se pierden mis pasiones

Ahí se esconden

Usted es el gato

Mi gato

El dueño de mis locuras

El que me eriza a cada coqueteo

Gato de lengua áspera

Y besos que queman

Usted no tiene rumbo

Anda paseando

Dándose

Perdiéndose de lo que le pesa

Y anda buscando

Sabrá usted qué cosa

El gato que siempre regresa

A la misma hora

Buscando lo que no encontró en otros tejados

Lo que dejó perdido acá

Y solo acá encuentra

Cinco cincuenta

Querían que nos acabáramos,

Pero el amor no se nos termina.

Querían que nos volviéramos olvido,

Dejarnos en un suspiro.

Que nos pasara el tiempo encima

Y arrastrara todo el cariño

Pero, nos quedamos donde siempre

Unos días en tu boca

Otros en la mía.

Risueños,

Felices,

Traviesos,

Dándonos mil besos.

Como la primera vez que nos vimos,

O como la vez que lo supimos.

Querían que nos acabáramos,

Pero siempre volvemos a encontrarnos en una sonrisa.

Sos la estrella del planeta donde quiero quedarme.

Ahora es todo más claro, ahora que estás a mi lado de repente aparezco.

Salgo de este cuarto oscuro donde tuve tanto miedo, miedo a estar sola conmigo.

De repente, algo se enciende. Siento. Siento calor en mis adentros.

Mi boca empieza a sonreír,

Mis ojos hablan,

Dicen palabras de amor,

Llenas de vida.

Y yo, que entre tanto negro, decidí tirarme al abandono, ahora camino al lado de tu luz.

Sos la estrella del planeta donde quiero quedarme.

La luz que me hace brillar.

Charla con mi espejo

No estás gorda,

eso de ahí es magia.

No tenes la piel seca,

está asustada.

Tu nariz no es muy pequeña,

es tímida.

Tus pechos no son horribles,

son cómodos.

Tu risa no espanta,

espanta que no te rías.

Y tu mente es preciosa,

verdaderamente preciosa.

No es el ancho de tus caderas, ni el largo de tu pelo, ni el de tus piernas lo que te hacen linda. No estás loca por creer en cosas distintas.

Deja de torturarte,

dejate en paz.