Haisel

Haisel en verdad que es una chica afortunada. Tiene un penthouse en Barcelona con piscina en el techo.

Haisel mantiene una piel muy delicada, tiene una rutina diagramada para cuidarla siempre. Al despertar, se baña en agua tibia, ni muy fría, ni muy caliente. El siguiente paso es secarse con una toalla de algodón. Luego toma jugo de zanahoria y sale a broncearse en la terraza. 15 minutos por lado. 15 por el otro. Al regresar se humecta las resequedades con una crema de miel y almendras. No se atormenta, lo hace todo despacio.

Haisel se casó hace dos años. Como no se le daba lo de ser útil, aprendió a ser la perfecta ama de casa. Todos los días, desde la terraza, se quedaba esperando al que llamaba suyo. Todo salía bien hasta que suyo empezó a llegar tarde, fue entonces cuando Haisel empezó a sospechar, suyo ya no se veía igual. ¿Estaría suyo siendo de alguien más?

Haisel tenía un viaje programado. Se trataba de la visita anual a su madre. Cogió sus maletas y entonces, se fue. Pensó que suyo iba a extrañarla y extrañar es como el azúcar que endulza el café, extrañar te borra las impurezas, extrañar te acerca a lo que extrañas.

Haisel está triste, al llegar se encontró con la noticia de la muerte de su madre. Así como llegó se fue, ni siquiera deshizo las maletas.

Haisel regresó a casa antes y se encontró con la otra. Lo que más llamó su atención, fue su piel. Tan suave como algodón, tan dorada como el sol. La otra tenía audífonos puestos, no escuchó a Haisel entrar mientras preparaba desayuno para el que ambas creían suyo. Haisel se acercó al gabinete que se encontraba justo al lado de la estufa, abrió el segundo cajón, sacó un cuchillo.

Las amas de casa, entre otras cosas, aprenden a deshuesar. Y si bien es cierto que no todas lo hacen, Haisel si que lo aprendió.

Dos minutos tardó la otra en morir. Cuando suyo bajó, ya no era posible ser de algo tan muerto. Haisel lo vio a los ojos y justo después de preguntarle ¿por qué? lo mató a sangre fría.

Haisel en verdad que es una chica afortunada. Viuda a los 26, no tiene hijos ni responsabilidades. Pero lo que sí tiene es un penthouse en Barcelona, la herencia de su esposo desaparecido y una piel hermosa.

Cuida su piel con una rutina un tanto curiosa. Lo cierto es que no se trata solo de cremas y sol.

Haisel lleva dos años ya humectando su piel con manteca de miel y almendras. Y nutriéndola con una carne especial, cuando le preguntan que come dice: “a la otra”. Haisel no los engaña, a todos les parece chistosa la verdad. Cuando te traicionan con otra, la pregunta que te viene a la cabeza es: ¿qué tiene ella que no tenga yo?

Y como Haisel es competitiva, no quería que ella tuviera algo que ella no. Entonces Haisel se la comió.

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