Flor que crece

Al nivel del mar encontré a mi asesino,

estaba sentado al borde de un abismo de tristezas irremediables.

Esperó a que me acercara, un ser abigarrado de no tan buenas intenciones,

Algunas, inmencionables.

Ajado, agostado, marchito, pero dulce como el néctar de frutos rojos.

Me conquistó con sus ojos, seguro fueron sus ojos.

Con sus labios logró domar a la musa que dormía en mi interior,

Fue aún mejor,

El circunspecto se robó a mi fatuo corazón.

Toqué su mano, no fue algo solo epitelial,

Mi asesino acababa de convertirse en mi nuevo mal.

Y aún cuando nuestro amor había nacido marcescible, la flor quiso permanecer intacta.

En nuestro amor se hace como se pacta.

Al nivel del mar encontré a mi asesino, fueron sus ojos, era mi destino.

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