La niña de mis ojos

Yo quise ser

la niña de tus ojos

quise saber qué sentías

Te observé por años

tratando de descubrirlo

te vi reír mientras llorabas

y quise salvarte

quise estar contigo

No fue hace mucho

que descubrí lo que escondía tu mirada

era una tristeza enorme

un alma desdichada

Y aun así

deseaba ser la niña de tus ojos

aunque no quisieras

aunque no tuvieras espacio para mi

Con los años absorbí

lo peor de ti

ahora tengo los ojos tristes

y siento dentro

el dolor que me dejaste en la mirada

Ya no quiero

seguir viendo al mundo

a través de tus ojos tristes

ya no quiero ser la niña de tus ojos

NO a la violencia

Hoy decidí hablar para ayudar.

Hace no muchos años me hicieron slut shaming nivel yo ya no quería despertar. Y aprendí a ser sorda ante las personas que no tienen nada bueno que decir. Pero, antes de aprender, viví un martirio. Cuestionaba frecuente mis acciones, dudaba de mi y mis sentimientos.

Solía reírse en mi cara. Juzgaba todo lo que hacía y un día empezó a mentir, ahí las cosas se pusieron peor. “Mis amigos” de aquel entonces cuestionaban la verdad. Me preguntaban si los inventos eran ciertos y hasta me avergonzaban con comentarios como “deberías de darte a respetar” “por qué no te queres”.

A mi me dolía. Pedí que mi agresor (el principal, de él surgieron otros) se detuviera. Se lo pedí a gritos, se lo pedí llorando, se lo pedí con calma. Me dejó en paz hasta que amenacé con demandar (para todos los que dicen que las leyes de violencia contra la mujer no sirven).

Mi agresor sigue yendo a los mismos sitios, frecuentando los mismos bares y objetivizando mujeres. Hablando de ellas como “esa zorrita”, ahogando sus vergüenzas en tragos baratos. Sigue creyendo que las mujeres no valen nada. Tratando mal hasta a su madre. Tiene una novia trofeo. En clase, pasa hablando de las posiciones en las que “se la come”.

Yo en cambio, me alejé. Empecé a frecuentar lugares más tranquilos. Me dediqué a hacer lo que me apasiona. Me convertí en todo lo que amo y aprendí a brillar con luz propia.

A veces mi agresor me llama buscando algún alivio en la amiga que perdió. Al final, sigue siendo un alma rota que no le encuentra sentido a la vida.

Domingo tres

Estoy bajo los escombros

de una tierra agradecida

y no sé

si puedo levantarme

Todo fue tan rápido

el naranja se tornó rojo

dejé el café puesto

y la estufa encendida

ahora me arde la piel

Grité

necesitaba ayuda

pero nadie me escuchaba

nadie estaba cerca

Y pensé en ti

en tus ojos

que siempre han sido luz

en tu fuerza

espero que estés esperándome

que estés viva

bajo este desastre

Hace una hora

un payaso me gritó desde afuera

que no puede salvarme

yo más bien creo que

el presidente no quiere hacer nada

Estoy muy escondido

perdiendo la fuerza

mi mano derecha ya no reacciona

Escuche hace unos minutos

a mi pueblo unido

sé que me están buscando

pero ya no puedo gritar

Para las ocho

me encontraron desmayado

estaba malherido

Y cuando desperté

me preguntaron cómo estaba

y yo dije que estaba vivo

gracias a la fuerza

de mi pueblo unido

Seis cuarenta y siete (en algún lugar)

En algún tiempo

el mundo nos tuvo

dentro de un abrazo

y con eso

es suficiente

En algún momento

nuestras manos se encontraron

y de nuestra compañía

nació mi mejor sonrisa

Y estuvimos nerviosos

dándonos la mano

contándonos que

mientras no estábamos juntos

pensábamos en un nosotros.

La luna ya nos vio encerrados en un beso

ya fuimos todo eso

que el mundo necesitaba

para creer en el amor

Y con eso

es suficiente

Viejita

No se ha vuelto loca. Solo tiene sueños distintos, sueños de cuna. En alguna luna, perdió el sentido, ahora se siente mejor, ahora se siente soñando. Quiere ir de pesca, ir a nadar al río, ir a bailar al salón. ¡Nadie la escucha! Unos dicen que está triste, yo creo que está soñando. Hace algunos meses, le cortaron las alas, mi viejita llora cuando lo recuerda, no lo recuerda siempre. Su mente se ha vuelto un borrador de dolores innecesarios, así sobrevive, la carga constante de dolores humanos, matan a cualquiera. Mi viejita ve al cielo y se aferra, si le hablas, no te hace caso, si preguntas por algo, seguro no lo recuerda. El segundo piso se ha vuelto su mansión, recorre cada parte, cada pedazo, montada en sus dos ruedas. Mi viejita ya no usa calzones, ya no gusta de los pantalones y, solo a veces, se pone sostén.

Mi viejita a perdido el quicio, pero, ¿quién quiere tenerlo? Se pinta los labios de rosado pastel, se maquilla las mejillas de rubio carmín. Todo combina con sus ojos claros. Mi viejita ya no piensa en lo apasionante de la vida, ya no le importa que día es en la semana, total, todos los días los pasa sentada. Tiene un cuaderno donde dibuja sus sueños, unos lápices de colores para colorearse el mundo.

Mi viejita está triste, a veces te asomas en su piso y está llorando. Dice que ya no le encuentra azúcar a la vida. Que ya nada la ilusiona y que realmente, ya no sabe cuál es la razón de estar viva. Mi viejita llora, llora como un niño que ha perdido su juguete. Llora como adolescente que recién cortó con su primer novio. Llora. Ve al suelo y llora aun más. Mi viejita siente ganas de morir, ya no entiende de la vida, ya no quiere hacerlo.

Sus piernas le duelen a veces. Por más que le expliques que ya no están, le siguen doliendo. Llora a mares hasta que le inyectan un calmante. Mi viejita me pide que me acerque y me dice, que nada es como antes. Entonces, me cuenta de sus sueños. Dice que cuando duerme vuela, que no necesita de sus piernas, ni de la silla, ni de nosotros.

Mi viejita quiere volar.

Diez y cuarto

Me gusta tu cariño tosco. Tu cariño tímido. Escondido de todo el mundo y en silencio, alejados de todo.

Me gustan las palmaditas en la espalda y tu forma quieta de besar. Que me beses sonriendo a medias y con la mirada apagada.

Me gusta no saber qué pasa entre los dos, no entender todo lo que piensas y aun así ser cómplice de tus reacciones. Me gusta darte besos a la orilla de nuestra locura y en silencio.

Me gusta tu manera de besar. Con la mano entre mi cuello y el pulgar encima de mi oreja. Me gustan tus besos impacientes y mordiscones.

Y como quien se va de algún lugar porque, no tiene más nada que decir después de vivir algo tan bello. Me voy diciendo que me gusta tu cariño, que me gusta tu manera de amar.